El limbo de Donovan Mitchell

Marc Gasol
Marc Gasol

Las redes mediáticas que tejen un potencial vínculo entre Donovan Mitchell y New York Knicks no concluyeron su trabajo el pasado verano cuando el jugador fue traspasado a los Cleveland Cavaliers. En todo caso, aquel infructuoso acercamiento para los intereses de ambas partes apunta a haber sido simplemente el prólogo de un culebrón que amenaza con extenderse varios capítulos más.

El 1 de septiembre de 2022, los Utah Jazz traspasaron a Mitchell a la franquicia de Ohio a cambio de Lauri Markkanen, Ochai Agjabi, Collin Sexton, tres primeras rondas no protegidas y dos swaps picks, en una operación necesaria, pero con la amenaza implícita de hipotecar el futuro de Cleveland. Curiosamente, nueve meses después de aquella operación, los Knicks, quienes se habían situado durante todo el verano como el destino más probable para el escolta, barrieron a los Cavaliers en primera ronda de playoffs. Una serie en la que Mitchell firmó una gris actuación que hizo reflotar las mismas dudas acerca de su liderazgo que había despertado en Salt Lake City en los últimos años.

En todo caso, este dilema es recíproco: si bien nunca alzó la voz mostrando cualquier tipo de malestar, las voces que rodean su entorno insisten en que su deseo es jugar en los Knicks. Un escenario que Tim Bontemps, se encargó de alimentar recientemente. En un episodio del podcast de Hoop Collective, el periodista de ESPN afirmó que no cree que Mitchell firme una extensión de contrato con los Cavaliers. No solo eso, sino que sugirió que lo mejor para la organización es traspasar al All-Star cuanto antes de cara a recuperar la mayor cantidad de activos posible tras el gran desembolso realizado el pasado verano.

Al ‘guard’ le restan tres años de la extensión máxima por cinco temporadas y 163 millones de dólares que firmó en 2020 cuando todavía militaba en los Jazz. El último año está sujeto a una opción de jugador, por lo que Mitchell puede convertirse en agente libre el verano de 2025, lo que se traduce en que el reloj de los Cavaliers haya comenzado su cuenta atrás.

De este modo, la temporada 2023-24 resultará crucial para la franquicia en lo que respecta al futuro de Mitchell y, además, la confección del proyecto en el corto y medio plazo. El presidente de operaciones Koby Altman no tomará decisiones precipitadas, pero sí que abrirá las puertas a la salida del escolta si el equipo protagoniza otra campaña similar, en la que el notable récord de 51-31 firmado en regular season se volatilizó en la ronda inicial ante los neoyorquinos. No obstante, el propio Bontemps sugiere que esperar otro año podría ser un error e invita a los Cavaliers a desprenderse de su estrella en los próximos meses.

Cuando apostaron por la adquisición de Mitchell la pasada temporada baja, la esperanza en Ohio era que obtenían un jugador de élite por un tiempo superior al que delimitaba su contrato. Ahora, sin embargo, este deseo inicial está lejos de ser una garantía, a pesar del salto cualitativo protagonizado en temporada regular. En efecto, todavía hay muchos pasos que la franquicia debe dar antes de ser considerados ‘contenders’ en la Conferencia Este.

Por un lado, la gerencia de los Cavaliers ha apostado, como es lógico, por mantener la columna vertebral del proyecto y apuntalar aquellas evidentes fisuras a través de la contratación de jugadores como Georges Niang —antiguo compañero de Mitchell en Utah — y Max Strus, así como con la renovación de Caris LeVert. Además, el varapalo sufrido ante los Knicks en primera ronda servirá para que Evan Mobley y Darius Garland maduren como jugadores.

Por otra parte, a Mitchell también se le exigirá un plus que vaya más allá de su anotación compulsiva y sus números en regular season. Su nivel ha decaído en las últimos dos postemporadas y su evolución como jugador parece haberse estacando, principalmente en lo que señala a la defensa, la creación y a hacer mejores a sus compañeros. Tres aspectos que lo separan de ser considerado una auténtica súper estrella de la NBA, un estatus que sí han alcanzado coetáneos como Devin Booker y Jayson Tatum.

A las dudas acerca de su liderazgo y la tentación de recuperar parte de los activos entregados por él, se suma un aspecto contractual recogido en el CBA que ha sido por alto: la Designated Rookie Rule. Esta cláusula permite una extensión de cinco años con un sueldo equivalente al 25% del límite salarial a los novatos que entran en su último año de contrato. El problema es el siguiente: un equipo solo puede tener dos de esos contratos. En el caso de los Cavaliers, Mitchell y Garland ya están sujetos a él, lo que imposibilitaría la extensión de Evan Mobley en 2024 bajo esta Designated Rookie Rule si ambos continúan entonces en el equipo. En todo caso, no supondría ninguna sentencia para el interior, quien podría esperar hasta 2025 para firmar su continuidad con los Cavaliers tras convertirse en agente libre restringido, aunque ello suponga el riesgo de perder a Mitchell a cambio de nada.

Mitchell también tiene que jugar bien sus cartas. Su deseo de jugar en New York, condicionado por sus fuertes vínculos familiares y deportivos con la ciudad, ve como ha irrumpido con fuerza un actor relativamente inesperado. Diversos medios han compartido durante el último mes el aparente interés que tienen los Knicks en Joel Embiid en el caso de que el pívot quiera abandonar Philadelphia. Y todo sugiere que el camerunés tiene prioridad sobre el escolta. De ser así, Mitchell estaría obligado a buscar un Plan B: quizá, los Miami Heat, otro de los destinos que sonó con fuerza para él durante el verano de 2022.

En todo caso, la petición de Tim Bontemps no parece que vaya a materializarse en el muy corto plazo y los Cavaliers tratarán de protagonizar un nuevo asalto a los playoffs en 2024. De no lograr el objetivo de superar la primera ronda sí que será muy posible que se produzcan cambios de cierta magnitud en la plantilla. Y todo invita a pensar que estos involucrarán directamente a Mitchell.

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