<strong>EL SUEÑO DE KIKIMITA (PRIMERA PARTE)</strong>
Hansel Emmanuel

EL SUEÑO DE KIKIMITA (PRIMERA PARTE)

Tras robarle la pelota a un rival en media cancha, el camino hacia el aro queda expedito para Hansel Emmanuel. Uno, dos, tres botes de balón en fulgurante carrera. Dos pasos para ganar impulso y volar hacia el aro con todas sus energías y machacar con un espectacular y contundente molinillo, ejecutado a la perfección con el brazo derecho. Su único brazo.

En los pocos segundos que dura esa acción, sucedida durante un intrascendente partido de la Drew League, son muchos los sentimientos que pasan por la mente de Hansel: euforia, pues sabe que su sola presencia concita las miradas morbosas de muchos aficionados que se han acercado a ver en vivo al popular chico manco; alivio, al quitarse gran parte de la presión que le apelmaza al comienzo de cada encuentro; rabia, porque su vida hubiera sido muy distinta de no haber sido por aquel fatal accidente en el que perdió el brazo izquierdo cuando era apenas un crío… Pero también le sirve para insuflarle ánimos renovados que le ayuden a afrontar los nuevos retos que le esperan y fuerza para superar los obstáculos que ya sabe que va a encontrar en el camino. Porque Hansel Emmanuel tiene muy claro cuál es su sueño: jugar en la NBA. Y no piensa rendirse a pesar de todas las dificultades, a pesar de que le digan una y otra vez que eso será imposible.

De momento, ya ha logrado un primer hito personal: ser reclutado por un equipo de la NCAA. Hansel Emmanuel jugará en la universidad de Northwestern State, tras haber recibido el interés de Bethune-Cookman, Tennessee State o la Memphis que entrena el Penny Hardaway. Y ha llamado la atención de grandes personalidades del mundo del baloncesto, como Baron Davis, que le invitó a formar parte de su equipo en la prestigiosa liga de verano californiana, Damian Lillard o Shaquille O’Neal, quienes se han hecho eco en sus redes sociales de las proezas y capacidades de Hansel en la cancha. Esta es la gran diferencia con otros jugadores mancos que, anteriormente, también lograron romper los estereotipos establecidos y jugar en la NCAA. Son los casos de Kevin Laue, pívot de 2,10 que llegó a poner 20 tapones en un partido y que en 2009 fue el primer jugador manco en jugar en la NCAA. O de Grant Dykstra, que perdió el brazo de niño y logró triunfar en el baloncesto y promediar 17 puntos y 5,5 rebotes en un equipo de Division II. O de, Zach Hodskins que fue el último jugador con estas características… hasta ahora.

Hansel Emmanuel Donato Domínguez mamó el baloncesto desde la cuna. Su padre, Hansel Salvador Donato, deportivamente conocido como “Kikima”, jugaba al baloncesto profesionalmente en la República de Santo Domingo. Su hijo, que heredó su apodo pero en diminutivo para diferenciarle de progenitor, “Kikimita”, le seguía allí donde iba, mostrando siempre una gran admiración por quien ha sido y sigue siendo su mayor referente en la vida. Una tarde cualquiera, tal y como había hecho centenares de veces, Hansel Emmanuel fue a ver a su padre jugar un partido en un parque. Apenas tenía seis años de edad, pero ya mostraba buenas condiciones para jugar al baloncesto y una pasión por ese deporte impropia de un niño de su edad. Aquel día, sin embargo, hizo lo que tantos niños han hecho tantas veces en todas partes del mundo: trepar a un muro junto con sus amigos. Desgraciadamente, la construcción era más débil de lo que nadie intuía, y la pared no pudo resistir el peso de todos esos chicos y se derrumbó. Hansel Emmanuel se vio atrapado entre los escombros. El miedo le atenazaba y una sentía una gran presión en su brazo izquierdo, que había quedado atrapado entre las ruinas de aquel muro. Cuando lograron sacarle de allí, tras varias horas de sufrimiento y angustia, un médico certificó que la extremidad había sufrido daños irreparables en sus tendones y que sería imposible recuperarla. Fue un mazazo terrible para todos, pero especialmente para un niño que, como la mayoría, soñaba con un futuro brillante.

Tardó en recuperarse anímicamente de aquel duro golpe. De pronto era incapaz de atarse los cordones de los zapatos, leer un libro o beber un vaso de agua. Se vino abajo. No tenía ganas de nada. Pero poco a poco aprendió a gestionar su nuevo estado físico, a recuperar el control de su cuerpo y a adquirir una total autonomía. Y, con ello, volvieron las ganas de jugar a baloncesto. Si algo había aprendido durante todo ese tiempo es que la constancia en el trabajo y la autodisciplina serían sus mejores aliados, quizá los únicos. Pasó horas y horas botando la pelota y tirando a canasta con su única mano, hasta que logró un control sorprendente de ambas destrezas. En su cabeza empezaba a tomar forma un sueño: un día jugaría en la NBA y se enfrentaría a su gran ídolo, Lebron James. Quedaba mucho camino por recorrer y muchas trabas que vencer, pero nada le iba a detener en su empeño. La primera barrera la tenía en su propia casa, ya que su padre se negaba a dejarle competir, por miedo a los golpes que pudiera recibir. Pero Hansel no necesitaba aquella sobreprotección. Las circunstancias de la vida, de su dura y complicada existencia, le habían hecho fuerte. Sería capaz de soportar las magulladoras propias de un partido de baloncesto. Y lo hizo. Con éxito. El entrenador en la Life Christian Academy de Florida le reclutó en 2020 para su equipo. Emmanuel tenía 16 años, medía 1,93 m y conquistó el Central Florida Christian Academy State Championship tras liderar a su equipo con 26 puntos, 11 rebotes y 7 asistencias de media, superando a los mejores jugadores de instituto del país.

A partir de ahí, gracias sobre todo al efecto viral de las redes sociales, Hansel Emmanuel se convirtió en un fenómeno mundial. Sus vídeos machacando el aro de manera repetida e inmisericorde se reproducían millones de veces en dispositivos de todas partes del mundo. Su historia fue narrada centenares de veces en todos los medios y formatos posibles. Su nombre pasó a formar parte de las tertulias baloncestísticas más diversas y su fama aumentó hasta tal punto que fue la imagen publicitaria de productos como Gatorade, entre otros. Y todo ello se multiplicó exponencialmente cuando se formalizó su reclutamiento por Northwestern State.

Esto significa que el sueño de Hansel Emmanuel de jugar en la NBA está un poco más cerca. El anhelo personal de un chico que, por culpa de una lamentable desgracia, se ha convertido en el sueño de todos. Porque resulta imposible conocer la historia de Hansel y no empatizar con él, sentir esa extraña mezcla de sentimientos entre la simpatía y la piedad que te hace identificarte con su entrañable pero triste historia de superación. Una historia, por cierto, todavía inconclusa. Habrá que esperar un poco para conocer el desenlace de la misma, para saber si “Kikimita” cumplirá su sueño y tendremos un final digno de una película con el sello Disney. Lo que es seguro es que todos estamos expectantes para ver si llega el hipotético día en que Hansel Emmanuel pise una cancha de la NBA como jugador profesional de pleno derecho, y después de eso para emocionarnos con su esperado duelo contra LeBron James, si es que todo eso llega a suceder. Entonces, solo entonces, será momento de escribir la segunda parte de esta historia hoy inacabada.

Mientras tanto, disfrutemos de lo que pueda lograr como jugador universitario.