HATERS

HATERS

Una máxima árabe reza así: siéntate en la puerta de tu casa y verás pasar el cadáver de tu enemigo. Haters gonna hate.

Sabias palabras que se remontan siglos atrás en el tiempo y que nos invitan a cultivar la paciencia y la templanza ante aquellas cuestiones y personas que no sean de nuestro agrado. Pues bien, el erudito que regaló al  mundo su sabiduría, que quiso hacer un mundo mejor, que nos aconsejo que no perdiésemos el tiempo con el odio hacia nuestros semejantes no tenía Twitter.

En toda actividad humana es normal el debate y la confrontación de ideas, y de esos intercambios de opiniones es normal que lleguen los desacuerdos y  en el mundo del baloncesto y más concretamente en el ámbito de la NBA, que es lo que no ocupa, siempre han existidos esas disputas. Es algo habitual y hasta sano. Antaño estas cuestionen se dilucidaban entre periodistas y los aficionados que lo comentaban en su ámbito familiar, laboral y entre las amistades. Pero todo esto ha cambiado con la llegada de internet y de las benditas redes sociales.

No creáis que el que suscribe está en contra de internet y las redes sociales, más al contrario, internet es uno de los avances más importantes de la historia, al mismo nivel que la rueda, el ferrocarril, la penicilina o el turrón de chocolate. La cuestión empieza a complicarse cuando las redes sociales sirven para volcar todo el odio que se lleva dentro y que parapetados en el cobarde anonimato esa inquina se hace llegar al destinatario de ese rencor.

Y sí, después de esta introducción, quizás un poco extensa, es cuando toca hablar de cómo afecta el mundo hater a la NBA.

Recuerdo en los años ochenta las críticas hacia los mejores jugadores. De Larry Bird se decía que ni saltaba, ni corría, a Magic Johnson le acusaban de no ser un base, ni un alero, ni un pívot y por consiguiente nunca llegaría a dominar en ninguna faceta del juego, a Michael Jordan se le minusvaloraba  diciendo que solo era un saltarín que metía puntos, que no era un líder y que nunca haría ganadores a los Chicago Bulls.

Stephen Curry y el nuevo Baloncesto

En esa época las críticas eran vertidas por los periodistas especializados y los aficionados hacían llegar sus quejas con pancartas en los campos visitantes. Los jugadores por supuesto que eran conscientes de las opiniones de los aficionados y de las críticas periodísticas, y podían aislarse de ellas con mayor facilidad que ahora. Los haters no podían allanar las viviendas de los jugadores con sus ataques y burlas a golpe de meme.

Las redes sociales y más concretamente Twitter es una herramienta que en las manos apropiadas está repleta de ventajas, pero en manos de personas desaprensivas se vuelven un lugar repleto de seres despreciables. No hablamos de memes más o menos afortunados o de críticas mordaces o incluso desagradables, sino de actitudes y comentarios que son considerados delitos.

Draymond Green, Jae Crowder y Lebron James, por poner tres ejemplos, han recibido mensajes deseando su muerte y la de sus seres queridos e incluso amenazas de muerte.

Reconozco que es divertido meterse con ese jugador que estando incluido en el listado de los mejores jugadores de la historia de la NBA hace un airball o le mete una pedrada descomunal al tablero. También estamos en nuestro derecho de opinar sobre tal y cual jugador de manera más o menos vehemente y hasta mofarnos de su juego, pero lo que no resulta aceptable es el escarnio y las amenazas.     

No está más recordar, ya que parece que a algunas personas se les olvida que la NBA fue fundada para jugar al baloncesto. Y precisamente en la frase anterior está la clave de todo: jugar.

Esto es un juego, a ninguno de nosotros le va la vida en ello. Nadie, ni siquiera aquel jugador, entrenador, dueño de franquicia o mascota, que por diversos motivos, y ninguno realmente importante, nos sea antipático o cuando no odioso, se merece que descarguemos nuestro odio en ellos y menos que se desee su muerte.

Simplemente hay que recordar la frase mítica: I love this game. Haters gonna hate.