Ídolo con los pies de barro
Ídolo con pies de barro

Ídolo con los pies de barro

Tú, oh rey, veías, y he aquí una gran imagen. Esta imagen, que era muy grande, y cuya gloria era muy sublime, estaba en pie delante de ti, y su aspecto era terrible. 32 La cabeza de esta imagen era de oro fino; su pecho y sus brazos, de plata; su vientre y sus muslos, de bronce; 33 sus piernas, de hierro; sus pies, en parte de hierro y en parte de barro cocido. 34 Estabas mirando, hasta que una piedra fue cortada, no con mano, e hirió a la imagen en sus pies de hierro y de barro cocido, y los desmenuzó. 35 Entonces fueron desmenuzados también el hierro, el barro cocido, el bronce, la plata y el oro, y fueron como tamo de las eras del verano, y se los llevó el viento sin que de ellos quedara rastro alguno. Mas la piedra que hirió a la imagen fue hecha un gran monte que llenó toda la tierra.

                                                          Libro de Daniel (pasaje 2:26-45) Antiguo testamento

Este pasaje del antiguo testamento el profeta Daniel relata el episodio en el que el rey de Babilonia, Nabucodonosor, tuvo un sueño en el que aparecía una gigantesca estatua hecha por diversos elementos: la cabeza era de oro, el torso de plata, las caderas de bronce, las piernas de hierro y los pies eran de barro cocido. Una piedra cayó rodando hacia la escultura, impactando en los  pies y debido a la fragilidad de la base toda la estructura se vino abajo sin importar lo solido que fueran las demás partes de la escultura. Es de este pasaje de la biblia donde se toma la expresión, Ídolo con los pies de barro.

Desde que nacemos estamos acostumbrados a fijarnos en los demás para asentar nuestra personalidad y nuestro comportamiento. En un principio solemos posar nuestra mirada en las personas más cercanas a nuestro entorno, padres, madres, hermanos y todo aquel que nos dedique su atención. Según vamos creciendo nuestras miras van siendo más altas y ponemos nuestro punto de mira más allá de nuestro círculo personal. Y en ocasiones nos dejamos llevar por el boato y la fama de ciertos personajes y creemos que el personaje público por el mero hecho de serlo tiene una calidad moral y una perfección en su comportamiento fuera de lo normal.

HATERS

Y en el caso que nos ocupaba que es el mundo del deporte y de la NBA tenemos un ejemplo de esto.

Kyrie Irving es un jugador excelso, tiene uno de los mejores dominios de la historia del baloncesto y uno de los uno contra uno más difíciles de defender. En resumidas cuentas, es un jugador de baloncesto maravilloso y por eso su equipo le paga una cantidad de dinero indecente. Y por el mero hecho de su juego muchas personas se han fijado en él y lo idolatran. Ven sus partidos, compran sus camisetas y le siguen en las redes sociales. Muchos de esos seguidores incluso tienen discusiones sobre si es mejor en el dribbling que Isiah Thomas y exponen sus argumentos con pasión. Para ellos ha dejado de ser un ser humano para convertirse en un Ídolo.

Pero, ¿Qué ocurre cuando se descubre que como en el sueño de Nabucodonosor no es más que un ídolo con los pies de barro? No vamos a entrar aquí a discutir su postura necia sobre las vacunas, ni su ignorancia sobre la esfericidad de la tierra, lo que nos preocupa son eso seguidores que se han quedado huérfanos.

La profesionalidad, la idoneidad e incluso la perfección de una persona en realizar una actividad determinada no le convierte automáticamente en una figura a imitar y menos cuando esa actividad en la que se demuestra superior a los demás consiste en botar un balón sin que se lo quiten y meter ese mismo balón en un aro situado a 3,05 metros.

Hay que saber discernir entre el jugador, el ídolo de la persona. Podemos seguir sus hazañas, emocionarnos con sus logros, incluso gastarnos el dinero en una camiseta para vestirla con orgullo sin renunciar al sentimiento crítico. Su comportamiento necio, absurdo, ignorante y su necia inteligencia debe ser algo que analizar y desechar si eso nos dice nuestro raciocinio.

Otra cuestión que lleva siglos debatiéndose es si debemos separar el autor de su obra. ¿Es lícito seguir, disfrutar de la carrera de una persona obviando su comportamiento fuera de la disciplina que nos ha hecho fijarnos en él? Es una pregunta difícil de responder, pero lo que sí hay que saber es que tenemos que tener cuidado con los ídolo con los pies de barro.