Charlamos con Jorge Sanz, Director de operaciones deportivas en Gonzaga
Jorge Sanz Gonzaga

Charlamos con Jorge Sanz, Director de operaciones deportivas en Gonzaga

Jorge Sanz es director de operaciones deportivas en el programa masculino de
baloncesto de la universidad de Gonzaga.


Gustavo: Jorge, en diferentes entrevistas he podido leer como te lanzaste a la aventura
americana con poco más que curiosidad y ganas de ayudar. Sin embargo algo debiste
hacer bien para dar el paso desde Florida Atlantic al staff técnico de Mark Few. ¿Qué
crees que fue eso que llamó la atención de un programa tan prestigioso como
Gonzaga?.


Jorge: En realidad es un proceso que se va gestando a lo largo del tiempo.
Coincidí en varias ocasiones con ayudantes de Gonzaga a lo largo de los años
reclutando en diferentes torneos FIBA y se fue fraguando una relación amistosa basada
inicialmente en competir con el otro a la hora de evaluar y reclutar ciertos jugadores, y
desencadenando más adelante en conversaciones de ámbito más técnico-tácticas, de
filosofía de juego y demás. Con el tiempo, esa relación y cercanía fue clave para llegar a
Gonzaga hace 4 temporadas. Las oportunidades surgen en la mayoría de los casos a raíz
de vínculos relacionales y de confianza. No todo es palmarés o resultados, me atrevería
a decir, incluso, que en Gonzaga éstos toman un relativo segundo plano tras perfil
humano, carácter individual y planteamiento o visión deportiva.

Gustavo: Cuéntame, cuales son tus responsabilidades actualmente dentro del
organigrama de la Universidad, ¿Cómo es tu día a día?


Jorge: El puesto de “Director de Operaciones” es posiblemente el cargo
más ambiguo en el mundo NCAA. Dependiendo de muchos factores, las
responsabilidades de este cargo pueden variar de una universidad a otra desde lo que
conocemos como delegado en clubes de España, a entrenador ayudante con ciertas
restricciones (fundamentalmente en el área de reclutamiento de jugadores). Mi situación
en Gonzaga es más parecida al segundo caso. Mi principal responsabilidad es la
preparación de informes de scouting (tanto rival como propio) basados en estadística
avanzada, así como planificación y ejecución de proyectos de desarrollo de jugadores. A
nivel reclutamiento, lidero la evaluación y el reclutamiento de jugadores
internacionales, principalmente jugando en Europa. En un ámbito más técnico, mis
responsabilidades son las mismas que las de un entrenador ayudante en cualquier club
europeo. Por último, a nivel algo más administrativo, también soy responsable de
confeccionar el calendario de juego.

Gustavo: Una de las mayores barreras que encuentra el aficionado medio al
baloncesto aquí en España para introducirse en el college basketball, es la complejidad
del calendario. ¿Cómo es la planificación de ese calendario?.


Jorge:El proceso es, efectivamente, bastante más complejo de lo que uno
puede pensar. La temporada de un equipo NCAA consta de 4 partes: fuera de
conferencia (non-conference), de conferencia (conference), Torneo de Conferencia y
Torneo NCAA, desembocando en la Final Four. La parte de fuera de conferencia la
confecciona cada equipo a su gusto, contra rivales de otras conferencias, y suelen ser
entre 11 y 15 partidos. Aquí es donde encontramos mini-torneos como los de Maui,
Battle 4 Atlantis en las Bahamas, etc. Hacia finales de Diciembre (fechas varían de una conferencia a otra) suele comenzar la fase de conferencia (ésta sí viene dada por la
administración de la conferencia). En ella se juega contra equipos de tu misma
conferencia, generalmente a doble vuelta, y constituyen 16-20 partidos. El campeón de
esta fase “regular” es proclamado Campeón de Conferencia. Una vez acabada esta fase,
y basado en el record victorias/derrotas de conferencia exclusivamente, se determinan
plazas (seeds) para el cuadro del Torneo de Conferencia. Éstos son torneos a partido
único, estilo Copa del Rey ACB, y proclaman a los Campeones de Torneos de
Conferencia. Importante distinción entre el Campeón de Conferencia y el Campeón del
Torneo de Conferencia: el Campeón del Torneo de Conferencia consigue acceso directo
al Torneo NCAA (March Madness) – independientemente de cómo de buena o mala
haya sido su temporada a fecha (de ahí que lo importante sea llegar en buena forma a
Marzo!). En cambio, el Campeón de Conferencia no tiene asegurada su participación en
el Torneo NCAA. Los 32 Campeones de Torneos de Conferencia ocupan 32 plazas en
el Torneo NCAA, con lo que las restantes 32 (36, actualmente) vienen determinadas por
un algoritmo que baraja variables tales como victorias-derrotas, nivel de los rivales,
eficiencia ofensiva y defensiva (ajustada por rival), etc. De ahí que la confección de la
parte del calendario de fuera de conferencia tenga más importancia de la que uno puede
inicialmente asumir. En teoría, sí, un equipo puede hacerse un calendario muy flojo y
jugar todos los partidos de fuera de conferencia en casa y/o contra rivales flojetes, pero
eso no le ayudaría con opciones de ir al Torneo NCAA de no ganar su Torneo de
Conferencia. Los calendarios se trabajan de uno a cinco años vista, con lo que hay que
estimar/proyectar muchas de éstas variables, así como hacer coincidir fechas. ¡Es una
tarea que no se la aconsejo a nadie! No, en serio, en muchos casos, un calendario “bien”
confeccionado es la diferencia entre ir o no ir al Torneo NCAA.

Compaginando el parquet y los despachos


Gustavo: Esta temporada es sin duda especial por varios motivos. Temporada 1
después del Covid-19. Año de elegibilidad extra para todos los seniors afectados por la
pandemia (los que ahora conocemos como super-seniors) y la nueva normativa NIL.
Empezamos por el principio: ¿Qué tal sienta volver al sentir el calor de The Kennel
Club?


Jorge: Es una sensación difícil de describir. A veces damos por hechas
demasiadas cosas que deberíamos valorar cada vez que las experimentamos. Durante el
primer partido de exhibición el pasado Octubre, durante el calentamiento del equipo, me
pillé sonriendo como la primera vez que presencié el espectáculo, se me pusieron los
pelos de punta (para el que no lo haya visto… “We are GU” ).

No comment

Evidentemente, este entorno ayuda a nivel deportivo incrementando el nivel de motivación externa, pero a
nivel individual, los estímulos emocionales generados son enormes. Somos muy
afortunados de volver a tener el pabellón a tope. Por cierto, desde que se construyó en
2004, ha habido aforo completo para todos los partidos disputados en él, excepto la
temporada pasada que por protocolos de COVID, no tuvimos aficionados. La lista de
espera para la compra de abonos de Gonzaga se estima en tres años… casi nada.

Gustavo: Esta temporada tenéis una gran clase de reclutamiento. Nolan Hickman,
Hunter Sallis y evidentemente Chet Holmgren son reclutas con muchas estrellas. En
este inicio de temporada Mark Few está apostando por la experiencia de Julián
Strawther y Rasir Bolton ¿esta es una temporada especialmente difícil para los
freshmen?

Jorge: La respuesta es corta, para una gran mayoría de los jugadores
freshman, sí. Pero como todo, depende. Va a haber casos (los menos) de ciertos
jugadores freshman que, simplemente por su talento y capacidad física/atlética, esta
situación no les va a afectar. Hay otros, que por los mismos motivos, su curva de
aprendizaje iba a ser igual de acentuada con o sin super-seniors. Sí que es cierto que
aquellos programas que han sido capaces de “retener” a jugadores de quinto (¡o sexto!)
año, se aseguran una madurez y experiencia deportiva y física que ningún freshman es
capaz de aportar.

Charlamos con Ivo Simovic


Gustavo: En cuanto al NIL ¿Qué te parece y como lo estáis viviendo desde dentro?


Jorge: Esta puede dar para escribir un libro… El concepto NIL
(fundamentalmente, derechos de imagen) es tan correcto en su origen -los jugadores
debían haber sido permitidos el generar ingresos en este aspecto desde siempre, como
cualquier otra persona- como ambiguo en su ejecución. La NCAA tiene un manual de
doscientas páginas de reglas acerca de áreas con una relevancia relativamente muy
insignificante, pero en cambio proporcionó unas cuantas simples “pautas” o
“directrices” para esta nueva dimensión que es el NIL. No hay del todo claridad, ya que
algunos estados pasaron leyes NIL y otros no, y no hay ninguna referencia federal por la
que regirse. Hoy en día, prácticamente todo vale en nombre del NIL. Las pautas
fundamentales son 1) universidades/entrenadores no pueden mediar en la generación de
acuerdos individuales de NIL, 2) el jugador ha de proporcionar un servicio/promoción a
la empresa que le contrata (no puede recibir dinero sin este quid pro quo) y 3) no se
puede usar futuras oportunidades NIL para el reclutamiento de jugadores. Se espera
legislación federal en algún momento, pero está en manos del Congreso de los Estados
Unidos… parece que va para largo.


Gustavo: Jorge, la temporada pasada vivimos una emotiva senior night con Luka
Garza (entre otros), madre mía como puede ser la de Drew Timme ¿no?


Jorge: Sin duda, seguro que cuando el día llegue será especial. De todas
formas, Drew es jugador Junior, de tercer año, así que aún le queda un poco. Los
aficionados se vuelcan con nuestros chicos, no hay más que ver el recibimiento que
obtuvo Rui Hachimura cuando volvió para la que habría sido su senior night… marchó
para la NBA tras su año junior, pero volvió y se le recibió con los brazos abiertos.


Gustavo: No quiero pasar sin que me hables de Andrew Nembhard y Anton Watson. Es
una pasada como Andrew ha encontrado su rol en Gonzaga tras salir de Florida donde
seguramente estaba más incómodo. En cuanto a Anton yo le deparo muy buena
temporada… y ojito en su año senior, no se si estas de acuerdo conmigo.


Jorge: Sí, los dos tienen unas cualidades increíbles para sus respectivos
roles. Andrew me parece, personalmente, el mejor base NCAA en cuanto a lecturas de
bloqueo directo se refiere. Anton tiene todos los requisitos para ser un 3&D futuro de
los que tanto se estilan en el baloncesto de hoy en día, tiene que llegar a ser más
consistente de un partido al siguiente.


Gustavo: Y bueno, llegamos a Chet Holmgren. Que maravilloso debe ser trabajar con
un chico de estas características y que gran responsabilidad también ¿no? Y no me
refiero solo al trabajo en la pista. Estamos hablando de un joven de 19 años que ya lleva un par de años escuchando: que si unicornio por un lado, que si Banchero por el
otro…


Jorge: Sí, Chet es sin duda un jugador especial. Como bien indicas, no
sólo por sus cualidades y talento sino por cómo está gestionando su día a día,
dedicándose a trabajar y mejorar en su juego. Todo lo que no está bajo su control lo
consideramos “ruido”, y él es el primero que rehúye ciertas comparaciones o
proyecciones. El chico sólo quiere un balón y disfrutar del baloncesto, y es consciente
que aún le queda mucho por trabajar y mucho camino por recorrer. Como entrenador he
de decir que es apasionante verlo crecer. Su progresión no es lineal, como la de nadie, y
a sus 19 años, va descubriendo nuevos retos y desafíos en su juego que sólo le hacen
crecer. Proyecciones y pronósticos hacen a veces esperar un jugador ya hecho, y en su
caso, su potencial no puede hacernos olvidar que está todavía muy lejos de su madurez
técnica y física. Dicho lo cual, su impacto actual en términos de eficiencia tanto
ofensiva como defensiva es élite NCAA pese a ser tan sólo de año freshman.


Gustavo: Bueno Jorge, gracias por atenderme y mucha suerte para este curso.


Jorge: A ti Gustavo, un placer muy grande para mí. Hasta pronto.


Extra pass:

Gustavo: Jorge, si te apetece, también me encantaría que la gente pudiera
concienciarse con tus palabras de cómo trabajan estos chicos con sus estudios. Es tan
fácil dejar caer que las grandes estrellas universitarias no pisan el campus… ahora que
además ya están con los exámenes del semestre de otoño, sería una pasada que nos
ayudaras a entender el esfuerzo que se les exige y que deben hacer para conseguir sus
grados académicos. Gracias de corazón.


Jorge: Por supuesto. En este apartado, hay muchas diferencias entre unas universidades y otras,
y he de decir que, en algunos casos, lo que se habla es cierto. En el caso de Gonzaga,
también puedo asegurar al 100% que el nivel de integridad académica es excelente, y
desde la fase reclutamiento del jugador hacemos énfasis en unos mínimos académicos a
cubrir por parte del jugador. Ya sea Domas Sabonis, Rui Hachimura, Jalen Suggs o
Chet Holmgren, el jugador ha de cumplir con la faceta académica. A algunos les gustará
más o menos (Corey Kispert se graduó en tres años y cubrió la mitad de su MBA en su
cuarto curso), y lo que si hacemos es poner de nuestra parte los recursos y facilidades
para fomentar la compatibilidad de estudios y baloncesto. Por ejemplo, a nivel
instalaciones, el pabellón de entrenamiento, el gimnasio, la sala de fisio/tratamiento y
las oficinas de tutorías se encuentran ubicadas en el mismo edificio, con lo que el
tiempo de desplazamiento de una actividad a otra se reduce al mínimo ( instalaciones ).
Dependiendo del número de créditos, el jugador tiene por lo general, 3 o 4 clases cada
semestre. La mayoría de ellas son presenciales (protocolos covid han hecho que algunas
pasaran a ser virtuales) y los jugadores no pueden faltar a clase de manera injustificada.
Cada día, además de ir a clase, la expectativa es que el jugador tenga 4 “contactos” a
nivel deportivo: una sesión de entrenamiento (unas 2 ó 2.5 horas), una sesión de
gimnasio (musculación, movilidad o regenerativa) generalmente antes del
entrenamiento, una sesión de fisio, y una sesión de tiro (por la mañana o por la tarde-
noche). Cada semestre, se establece el horario de entrenamiento en base a los horarios
de clases de los jugadores, y se completan con el resto de las actividades para cada
jugador, incluyendo sesiones de tutorías individualizadas (los freshmen tienen cargas de
tutorías más altas que los veteranos). Evidentemente, sesiones colectivas de entrenamientos son con todos los jugadores presentes, pero el resto de actividades son
individuales o de grupos reducidos (1-3 jugadores). El grado de exigencia y
compromiso en el día a día es muy alto, pero con cierta organización y constancia, los
resultados suelen acompañar tanto en lo deportivo como en lo acádemico (y social).
Buscamos siempre establecer los hábitos y rutinas necesarios que nos permitan competir
al máximo nivel. Durante la temporada, con al menos dos partidos por semana, los
estudios vienen de viaje con nosotros. Pese a que las ausencias a clase están justificadas
por motivo la competición, los jugadores siguen completando tareas a distancia y
nuestra responsable académica se mantiene en contacto con el claustro para adelantar o
posponer exámenes y fechas de entrega y así poder compaginar ambos compromisos.