La batalla de los triples
La batalla de los triples

La batalla de los triples

Arthur Harris comandante en jefe de la real fuerza aérea británica durante la Segunda Guerra Mundial, más conocido entre sus hombres como  Bomber Harris (Bombardero Harris)o Butcher Harris (Carnicero Harris),fue el responsable de llevar a cabo los bombarderos de superficie en territorio alemán. Desoyendo cualquier consejo de mesura e incumpliendo la convención de Ginebra ordenó la puesta en marcha de un nuevo tipo de ataque. Ya no se destruirían objetivos militares, ahora iba a por las ciudades y sus habitantes. La forma elegida para llevar estas acciones fue el llamado bombardeo por saturación, dejar caer sobre los civiles el mayor número de bombas posibles durante el tiempo que fuera necesario. Así atacó Dresde, ciudad sin ningún interés militar, hasta arrasarla por completo. La batalla de los triples.

Esta es la idea que se me ocurre cuando veo algunos partidos de la NBA, salvando por supuesto el horror y el drama causado y honrando el dolor de las víctimas.

Stephen Curry y el nuevo Baloncesto

En algunos partidos es como si el Comandante Harris estuviera al mando y ordenase a sus jugadores que destruyesen las canastas rivales a base de tiros de tres. Asistimos escandalizados, por lo menos en mi caso, a una orgia de tiros de larga distancia sin orden ni concierto. Hay ocasiones en las que las imágenes me retrotraen a mi infancia, cuando en el patio de colegio nos dedicábamos a tirar de tres cada vez que el entrenador no miraba, con la diferencia de que ahora es el entrenado el que les anima a tirar de tres.

Quiero dejar constancia de que no estoy en contra de los tiros de tres, no soy tan excéntrico, pero es el uso indiscriminado de los tiros de tres lo que despierta mis instintos de entrenador.

Tampoco soy un defensor a ultranza de los viejos tiempos que se deja llevar por la nostalgia y opina que cualquier tiempo pasado fue mejor. Desde que el 12 de octubre de 1979 se anotó el primer triple en la NBA los mejores tiradores dedicaron tiempo y esfuerzo en convertir ese tiro en algo letal con lo que golpear a los equipos rivales. Y es ahí donde reside uno de los problemas actuales, la decisión de quien es el que tira desde larga distancia.

Ahora cualquier jugador se cree bendecido por los Dioses del triple y no se ruboriza lo más mínimo en intentar, sí, digo intentar, ese tiro. En la actualidad es más habitual que nunca ver airballs, lanzamientos rompe cristales y balones que golpean el canto del tablero. ¿Y el causante de esa afrenta se retira cabizbajo tras la reprimenda del entrenador? Pues la verdad es que no, simplemente lo volverá a intentar.

Es cierto que el juego se ha vuelto más rápido y dinámico, hay más posesiones por partido y los marcadores son más altos, pero ¿Y la calidad del baloncesto? Si la rapidez en ocasiones se convierte en imprecisiones, en balones perdidos y en una sucesión de lanzamientos de larga distancia sin rebote, yo digo que el baloncesto está perdiendo la batalla.

En ocasiones se oye un mantra que nos quiere convencer de que antiguamente no se tiraba de tres y eso es rotundamente falso. Solo hay que ver el ranking de triples anotados. En el momento que estoy escribiendo esta soflama Stephen Curry ha sobrepasado a Reggie Miller, y está a unos pocas decenas de sobrepasar a Ray Allen, jugadores retirados hace tiempo que demuestran que sí tiraban de tres. ¿Entonces qué es lo que ocurre? Muy sencillo, solo los  jugadores especialistas en el tiro de larga distancia eran los encargados de esa tarea. Nadie le pedía a Shaquille O´neal, Dennis Rodman o Kareem Abdul-Jabbar que tirasen de tres y por supuesto nadie opinaba que eran peores jugadores por eso.

Cuando comencé a colaborar con Massiveball, excelentes profesionales y mejores personas, creí que mi opinión sobre el mal uso de los lanzamientos de tres, personificados en ese jugador que tira en contraataque o sin rebote, iba a ser golpeado con el látigo de la indiferencia. Pues por fortuna he recibido apoyo de muchas personas que son de mi misma opinión, lo que me congratula y me hace congraciar con el mundo del baloncesto y la NBA. Con vuestro permiso me convertiré en vuestro adalid de las esencias baloncestísticas y si por eso me llaman Tacañón, bienvenido sea.