La vergüenza caerá sobre ti y tus descendientes

La vergüenza caerá sobre ti y tus descendientes

“Tenéis muchos sueños, buscáis la fama, pero la fama cuesta. Pues aquí es donde vais a empezar a pagar, con sudor« La vergüenza caerá sobre ti y tus descendientes

Esta frase, usada como reclamo en una aclamada serie de los años 80, es un mantra amenazador que persigue a todos aquellos que se han marcado como propósito brillar por encima de sus congéneres en la disciplina elegida.

El camino que se transita en busca de un objetivo de supremacía en la competición es siempre duro, tortuoso y sin un final aparente a la vista. Siempre hay una nueva marca que batir y un contrincante renovado al que vencer. Y algunas de esas personas al comprobar que con su esfuerzo no consiguen los réditos deseados olvidan la decencia, se dejan corromper hasta alcanzar las mayores cuotas de ignominia y se transforman en una de las mayores decepciones del mundo; simple y llanamente son unos tramposos.

En el caso que nos ocupa y que ha provocado este artículo tiene nombre, apellido, cara y ocupación: Dave Vanterpool, asistente de los Brooklyn Nets y en cuanto a su cara, digamos que tiene mucho rostro.

Por si alguno de los lectores se encuentra desubicado respecto a la actuación de tal digno deportista ahí va un relato de su magnífica actuación.

Diecinueve de enero de 2021, un día frío en la capital de los Estados Unidos de Norte América. Miles de seguidores sentados en las butacas del Capital One Arena esperan expectantes el inicio del partido que enfrentará a su equipo, Los Washington Wizards, antiguos Bullets, contra un equipo que a pesar de contar con muchas de las mayores estrellas actuales de la NBA no carbura todo lo bien que debiera.

El inicio del encuentro y el consiguiente devenir no hace presagiar el desenlace tan bochornoso que se producirá más adelante. El marcador, gracias al esfuerzo de ambos equipos, se muestra igualado y solo la destreza de uno y otros decantara el marcador a favor de uno de los contendientes, o quizás no.

Faltan apenas 5 minutos para el final del partido. Posesión del equipo local. Spencer Dinwiddie, ejerciendo la labor por la que ha sido contratado por su equipo y que espera toda esa afición que le jalea, realiza un preciso pase hacía uno de sus compañeros, Kyle Kuzma. El alero local se encuentra situado en la línea de tres de la esquina pegada al banquillo rival. Con el partido tan igualado espera un balón que puede decantar la victoria. Ninguno de los jugadores contrarios es capaz de llegar a cortar el pase, por los cual Kuzma está seguro de recibir el balón enviado por su compañero. Pero, oh, por una de esas cuestiones del destino el pase es interceptado y termina en las manos del equipo contrario.

¿Quién ha impedido que el balón llegue a su destino? ¿Algún jugador con su habilidad, buena colocación o condiciones atléticas ha sido capaz de tal heroicidad? Eso sería lo esperado, por eso son deportistas que entrenan duramente. Pues en esta ocasión hay un actor que no ha sido invitado. La jugada es interrumpida por el asistente de los Nets, Dave Vanterpool.

Ídolo con los pies de barro

Los lectores avezados y conocedores del juego se preguntaran ¿Un asistente? ¿Cómo es eso posible? Pues sí, querido amigo o amiga, Dave Vanterpool, cual ave de rapiña saca su zarpa a pasear impactando con el balón que va felizmente en dirección al jugador de los Wizards.

Los árbitros no se percatan de tal acto de piratería, en cierto modo es comprensible, quien iba a imaginarse tal tropelía por parte de un asistente de una liga tan seria y profesional como la NBA. El balón es recuperado por los Nets, lo cuales inician una jugada conseguida con tretas de buhonero.

El partido finalizó con la victoria de los Nets por un solo punto. La jugada del tramposo, falso y taimado asistente sirve para derrotar a un equipo que en todo momento se comportó con la deportividad debida.

¿Y que ha decidido la NBA hacer en este caso? Multa económica para el asistente 10.000 dólares y para la franquicia 25.000. Y como en los famosos dibujos animados decía Porky al finalizar: eso, eso, eso, es todo amigos.

Dinero, eso es lo que ha dispuesto la liga de baloncesto más importante del mundo como castigo a uno de los más flagrantes actos impúdicos que se recuerdan.  

Imaginemos un escenario distinto. Finales de NBA. Séptimo partido. Última jugada, el equipo de Lebrón pierde de uno. El balón va hacía Lebrón que espera en la esquina solo para recibir y hacer una entrada a canasta que le dará el quinto anillo. Pero el entrenador o cualquier miembro del banquillo saca la mano a pasear. Balón cortado y final perdida. ¿De verdad se arregla con 35.000 dólares?

Hay que perseguir al delincuente que se salta las normas como si no existieran para él, o esto se puede convertir en un patio de colegio, o quizás en el patio de colegio se tiene más miedo a las posibles represalias ante un acto tan cobarde.