Los tres errores de New York
Las tres vidas de Kareem

Los tres errores de New York

En 1928 el científico británico, Alexander Fleming descubrió la penicilina. ¿Qué tiene que ver esto con los tres errores de New York? Sir Alexander Fleming es londinense y, que yo sepa, nunca tuvo ninguna relación con la ciudad que nunca duerme. Fleming descubrió que un hongo podría tener funciones antibióticas, es decir, podía matar o impedir el crecimiento de microorganismos. Actualmente los antibióticos son fundamentales para curar infecciones y gracias al invento de Fleming tenemos soluciones rápidas a problemas hace 100 años liquidaban a una persona ante casi cualquier tontería.

La investigación de los hongos como medio para curar infecciones se remonta a la Antigua Grecia cuando intentaban curar infecciones mediante mohos. En el siglo XX miles de científicos intentaron, erróneamente, el uso de estos hongos como método antibiótico. Es decir, hicieron falta más de 3000 años para que todo esto fructificase, hicieron falta miles de errores para alcanzar el éxito. 

Pues el Fleming del baloncesto es la ciudad de New York, con la diferencia de que parece que siguen sin aprender de sus errores. Pero en esta ocasión vamos a centrarnos en las tres ocasiones en las que la ciudad de New York dejó pasar la oportunidad de que uno de los tres mejores jugadores de la historia de este deporte pudiese jugar en la ciudad donde nació y se crió.

FAIL. First Attempt in Learning

En mi escuela de Madison, lo primero que se encontraban los alumnos al llegar a sus taquillas era un cartel bastante grande que ponía FAIL (First Attempt In Learning). Los maestros de 5º grado insistían mucho en sus alumnos en que el fallo, el error, el equivocarse; es el primer paso para el éxito, que el fracaso es necesario. Niños y niñas que viven en una burbuja o que su vida  es un auténtico desastre deben tener claro que el éxito no se consigue a la primera y que errar es humano. Pese a todo lo que se trabaja en las escuelas americanas en superar la frustración ante el fracaso, vemos continuamente en deportistas profesionales cómo no son capaces de afrontar el error.

Una universidad puede equivocarse muchas veces al ofrecer la beca a un jugador que parecía que se iba a comer el mundo y al final el mundo se lo come a él. Pero intentan buscar alternativas, ampliar su rango de reclutamiento, mirando más allá de lo puramente baloncestístico y analizar la parte intelectual o social del individuo. Una franquicia puede equivocarse con un pick alto del draft o puede equivocarse al ofrecer un mega-traspaso a un jugador en lugar de a otro. Pero tras uno de esos fracasos buscan formas de cambiar la gerencia o plantear enfoques diferentes. Pero hay ciudades que, pese a ser el centro del mundo y casi tantas luces como Vigo en Navidad, las luces se quedan en las bombillas y no en los cerebros de sus gestores deportivos.

Los tres errores de New York

Teniendo tantas universidades importantes en la zona de NYC y equipos de todas las ligas de todos los deportes, la joyería vamos a encontrarla más fácilmente en el Tiffany’s de la mítica escena de Audrey Hepburn que en los pabellones o estadios de los equipos de la ciudad. Pero todo eso ha podido cambiar en muchas ocasiones. Centrándonos en el baloncesto profesional, siempre se ha dicho que los Knicks –franquicia más experta del mundo en meteduras de pata pese a ser la de mayor valor económico– pudieron hacerse con Lebron James o Kevin Durant. Este verano dieron una masterclass de cómo ser rechazado por todos los agentes libres relevantes. En una línea temporal paralela en la que Phil Jackson no llega a los Bulls, quizás los Knicks podrían haber juntado a Ewing con Jordan. En esa misma época cabe recordar que los Knicks se negaron a  negociar con Pat Riley sobre el porcentaje de propietariado y sueldo de Riley, provocando que los Heat hayan ganado tres anillos más en veinte años que los Knicks casi medio siglo.

Pues la ciudad de New York se une a su franquicia baloncestística más histórica con los tres errores de New York. Porque en tres ocasiones pudieron tener a Kareem Abdul-Jabbar en sus equipos. Para ello es importante saber y comprender que el joven Lewis Alcindor era un neoyorquino orgulloso y que disfrutaba de la ciudad, sus parques, sus cultura jazzística y su estilo de vida como el que más. Por lo tanto es probable que, si no hubiese sucedido nada raro, Lewis y Kareem podrían haber pasado toda su vida en la gran manzana y habría sido la persona más feliz del mundo. Pero su amada ciudad no lo quiso ver así.

Los tres errores de New York: St. John´s y Columbia

A nadie vamos a descubrir nada nuevo si le decimos que Abdul-Jabbar –Lewis Alcindor por entonces– jugó en UCLA, ganó los tres campeonatos que pudo jugar –los freshman solo entrenaban pero no podían jugar–, ganó los tres premios de Most Outstanding Player y los tres player of the year que pudo ganar. Ya solo por su carrera en los Bruins, Alcindor ya habría sido uno de los mejores jugadores de baloncesto de la historia. Su dominancia era tal que –aunque la NCAA siempre lo ha negado y siempre “culpaban” a jugadores de Stanford y por prevención de lesiones o muertes– la NCAA prohibió durante diez años los mates en esta competición.

Pues resulta que el joven Alcindor tenía cuatro universidades finalistas sobre la mesa. Su entrenador del instituto –sobre quien prometo escribir en próximas ocasiones– le había estado filtrando las ingentes ofertas que le llegaban. Las finalistas eran Michigan, UCLA, St. John´s y Columbia. Michigan le atraía pero no le acababa de convencer y fue casi la primera descartada.

¿Habríamos tenido un Nobel de la Paz salido de la Universidad de Columbia?

Columbia era muy interesante porque el campus estaba al lado de su casa, el nivel académico es –en palabras del propio Kareem– el Miles Davis de las universidades y eso le fascinaba porque se encontraba en un momento muy importante de desarrollo intelectual y cultural. Pero el equipo de baloncesto de Columbia y la poca competitividad de la Ivy League hicieron que Alcindor rechazase a Columbia. No hicieron el mínimo atisbo de intención de atraer a reclutas interesantes para que Kareem, que era el jugador con más proyección de la historia saliendo del instituto, recalase en Columbia.

Universidad católica en el momento en el que comenzaba la búsqueda de una nueva fe

¿Y St. John´s? La universidad estaba en Queens, la entrenaba un mítico jugador de los Original Celtics y además Kareem lo conocía por haber compartido los veranos con su hijo. Además el entrenador Joe Lapchick era neoyorquino y en las entrevistas con Alcindor no le había vendido monsergas bonitas ni le había vendido humo. Lapchick además era un entrenador veterano, se había interesado por los gustos intelectuales de Kareem…pero Lapchick era mayor y la universidad no le presionó demasiado para que se quedase en el puesto mientras Kareem jugase sus años de universidad. Sin el aliciente de Lapchick y sumando a ello el hecho de que Kareem pretendía alejarse de su madre y de que St. John´s es una universidad católica; Kareem no estaba dispuesto a seguir con los postulados personales y religiosos de su madre.

Sumamos a todo ello el que el entrenador Wooden lo trató como una persona, le habló de su idea de baloncesto y que Los Angeles tiene un clima magnífico; el 33 de Abdul-Jabbar se encuentra colgada en el pabellón de los Bruins y no en el de Columbia o St. John´s.

Los tres errores de New York: La racanería de los Nets

Tras cuatro años en Los Angeles y todos los récords citados anteriormente llegaba el momento de enfrentarse al baloncesto profesional. Las opciones del aún Lewis pasaban por la NBA, la ABA, los Globetrotters de su adorado Harlem y hasta la liga italiana. Su opción era muy clara, quería jugar en New York porque estaba harto de la falsedad de la sociedad angelina y porque su guía espiritual y sus amigos estaban en la gran manzana.

Pero en el draft de la NBA los aspirantes al pick 1 eran Milwaukee Bucks y Phoenix Suns. Una moneda al aire –método utilizado hasta no hace tanto tiempo para decidir los picks– decidió que el número uno sería para los Bucks. Y estaba muy claro que tras tres temporadas descomunales nadie en su sano juicio iba a dejar pasar al mejor jugador universitario de todos los tiempos. Así que la franquicia de Wisconsin lo eligió y se hizo con sus derechos.

Pero en la ABA –una liga creada dos años atrás– los New York Nets también draftearon a Alcindor. Su sueño se haría realidad. Podría jugar en su ciudad. Pero había un “problema”. Su educación y formación le llevaron a ser una persona justa. Y su experiencia de vida le abocaron a la desconfianza. La justicia implicó que tenía que dar las mismas oportunidades a las franquicias que lo habían drafteado. Y la desconfianza provocaron que no se fiara demasiado de esa nueva liga con unos supuestos problemas económicos que a Lewis no le gustaban nada.

La propuesta de la discordia

Como Lewis no era un negociador demasiado paciente le propuso a Bucks y Nets lo siguiente: “solo voy a escuchar una oferta vuestra. Y el que me ofreciera lo que mejor se ajustaba a las necesidades de la joven estrella, sería la elegida”. Padre, agentes y jugador se reunieron con el comisionado de la NBA y con el propietario de los Bucks.

Le ofrecieron cinco años de contrato y una cantidad que ya no le tendría obligado a trabajar en verano y estar siempre apretado.

Al día siguiente se reunieron con los propietarios de los Nets y el comisionado de la ABA. La duración del contrato era la misma pero la cantidad muchísimo menor. Algo que sorprendió mucho a los agentes de Alcindor porque la ABA tenía que intentar dar todo lo posible para que su liga ganase prestigio. Además de que otros propietarios de la ABA les había ofrecido mucho más dinero. Uno de los agentes de Lewis preguntó a George Mikan si esa era la cantidad definitiva y la leyenda de los Lakers lo confirmó de manera tajante.

Está claro que su destino no está en su ciudad

El batacazo que recibió el chico de Harlem fue tal que se sintió desarraigado. Siendo la leyenda universitaria que era y con el vacío que iba a dejar Bill Russell, no entendía cómo su ciudad no había querido apostar por él. Así que llamaron a Walter Kenedy –comisionado de la NBA– y le comunicaron que sería nuevo jugador de los Bucks. Esa misma noche, los representantes de la ABA asaltaron a los agentes ofreciéndoles mucho más de lo que los Bucks habían ofrecido. Pero Alcindor era y es justo y no podía faltar a su palabra. ABA y NBA conocían las reglas del trato y sabían que solo se escucharía una oferta.

La tacañería mató a los Nets. Y les volvería a suceder en la absorción de la ABA.

Los tres errores de New York: Los Knicks siendo los Knicks

Siempre ha habido mucha mentira o ignorancia en la relación Kareem-Milwaukee. Su situación personal y su filosofía le hicieron llevar una vida casi monacal en Wisconsin. Pero en ningún momento y, ni mucho menos al final de etapa en Bucks, sintió odio o asco hacia sus conciudadanos. Nunca salió de su boca ni de sus letras lo de que “quiero irme de Milwaukee porque son unos paletos”. La realidad era muy distinta. Oscar Robertson se había retirado, el proyecto estaba caduco y Kareem necesitaba salir de un entorno perdedor. Solicitó el traspaso y los Bucks se lo concedieron aunque intentaron negociar dándole una casa en New York y que solo estuviera con el equipo los días de partido. Era una locura y Kareem la rechazó.

Y otra vez se cruzó New York en el camino de Abdul-Jabbar. Amante de la afición de Milwaukee por su respeto hacia el rival y el propio equipo, frente a la siempre arisca y “abucheadora” afición neoyorquina. Su corazón le decía que tenía que cumplir su sueño. Pidió e traspaso a los Knicks. Aunque sus amigos y familia ya no eran referencia en New York. Era su ciudad y en los Knicks estaban Walt Frazier, Earl Monroe y Bill Bradley. Eso sí que le motivaba. ¡Menudo equipazo se habrían montado en los Knicks si hubiesen añadido a Kareem!

Un precio muy bajo por un legado mucho mayor

El precio de Abdul-Jabbar no era mucho más que un par de jugadores talentosos o dar algunas rondas de draft. No habrían necesitado esas rondas si hubiesen añadido a Kareem viendo lo que acabó haciendo en Los Angeles en los años oscuros. Pues los Knicks prefirieron a George McGinnis, un jugador de la ABA del que no tenían los derechos pero que firmaron igualmente. Los equipos se echaron sobre los Knicks y la NBA les penalizó quitándoles la primera elección del draft. Una decepción más para Kareem con su amada ciudad.  Otro más de los tres errores de New York.

Los tres errores de New York que hicieron a Kareem más grande

No sabemos qué habría ocurrido si Lewis Alcindor hubiese jugado en Columbia o en St. John´s. Quizás no habría ganado los tres campeonatos pero seguro que alguno habría rascado y le habría estropeado el mítico récord a John Wooden.

No sabemos qué habría ocurrido si Lewis Alcindor hubiese jugado en los Nets. Seguramente habría ganado todos los campeonatos de la ABA e incluso podría haber alargado la vida de la chapucera liga. Pero al final se habría acabado. La NBA buscaría alguna treta para que Kareem cayese en algún sitio interesante para la liga y no tanto para Kareem. Su legado hoy no sería el mismo.

No sabemos qué habría ocurrido si Kareem Abdul-Jabbar hubiese jugado en los Knicks después de salir de Milwaukee. Quizás esas 4 temporadas iniciales no habrían sido tan horribles a nivel colectivo como en Lakers pero seguro que tendría igualmente esos tres MVP´s. Con el equipazo que tendrían los Knicks y con el añadido mental de Kareem, seguro que habrían pescado más de un anillo. 

Sin duda los tres errores de New York son los tres errores de New York pero fueron una bendición para Kareem. Porque su carrera universitaria fue mucho mejor. Su carrera en Bucks fue mucho mejor y su aprendizaje personal en esa época fue muy válido. Sus años iniciales en Lakers aunque fueron muy malos grupalmente, fueron clave para los gloriosos años 80.

Que la ciudad de New York tiene que aprender de sus errores, lo sabemos todos. Pero que en nuestra línea temporal las cosas son más bonitas para Abdul-Jabbar de lo que hubiesen sido en la otra, también.