¿Quién teme a los súper-equipos?
Empoderamiento jugador NBA

¿Quién teme a los súper-equipos?

Las matemáticas son una ciencia exacta, eso es algo indiscutible e incuestionable en el vasto conocimiento humano. También es algo innato dentro de nuestra psique la necesidad de controlar todo lo que nos rodea. Es algo que llevamos en nuestros genes, motivado quizás por una necesidad de supervivencia. Desde las cavernas, donde el control de la situación podía suponer la diferencia entre la vida y la muerte, y hasta la actualidad, el control nos sirve para no terminar desquiciado por un tiempo repleto de grandes avances tecnológicos que nos hacen empequeñecer antes de lo habitual, el ser humano ha usado su mente para intentar controla todo aquello que le rodea. ¿Quién teme a los súper-equipos?

En ese afán de control no es extraño comprobar como las matemáticas a las que hacíamos anteriormente referencia son usadas una y otra vez. Nos tranquiliza saber que dos más dos siempre serán cuatro, y que eso siempre será así, aunque el mundo este al borde de la extinción. Los números no mienten, o eso es lo que nos han hecho creer.

Si eso fuera cierto, si las matemáticas dominasen todas las facetas del mundo, nunca habría ocasión de vivir las sorpresas que nos esperan cada día. Y por descontado eso es extrapolable a nuestra gran afición, la NBA.

¿Qué ocurre entonces entre la NBA y las matemáticas? Pues muy sencillo, que no son infalibles.

Un ejemplo. Últimamente se ha puesto de moda el juntar a las máximas estrellas posibles en un equipo. Este año podemos hablar de los Lakers, de los Nets y hasta de Philadelfia. Si los números nunca mintiesen y fuesen infalibles, uno de esos tres equipos se llevaría el campeonato.

La unión de las estrellas en cada uno de eso equipos, la cantidad de MVP que se reúnen bajo la misma camiseta, y las estadísticas cuasi perfectas de esos jugadores harían imposible que los demás equipos pudieran siquiera pensar en hacerles frente.

Pero los números en este caso no son la panacea, ni un bálsamo de fierabrás que calman como por ensalmo los males de la franquicia. Hay otros condicionantes que hay que tener en cuenta, y no son algo baladí que se pueda obviar.

Este deporte que tanto amamos, que en algunos casos nos ha llevado toda una vida intentar desentrañar, es en su perfección una amalgama de imperfecciones que lo hacen especial y, por lo menos para nosotros, inigualable.

Hay un factor que parece que cuando se confeccionan esos súper-equipos, nunca se tienen en cuenta. Y es una parte de ese sobrenombre el que se tiende a olvidar y a veces menospreciar: Equipo

Aunque a algunos parece que se les olvida, este deporte es un deporte en equipo, no es un deporte individual como lo es el tenis o el golf. Aquí se ponen varias máquinas deportivas en funcionamiento para llegar a un objetivo final, la victoria.

Podemos usar una frase del mejor base de la historia del baloncesto español, Juan Antonio Corbalán, dirigida a un mito del baloncesto patrio como lo fue Fernando Martin. Cuando el Real Madrid le fichó del estudiantes, el base y capitán del equipo le dijo:

—No importa lo bueno que seas, sino lo buenos que nos hagas a los demás.

Esa es una frase que debería estar en la entrada de todos los vestuarios de todos los pabellones, escuelas y locales deportivos de todos los deportes de equipo.  

El baloncesto, y no debemos olvidar que por muy profesionales y cuasi perfectos que sean los jugadores de la NBA esto sigue siendo baloncesto, el mismo deporte que se juega en cualquier rincón del mundo, es un juego en el que el conjunto vale más que la suma de de individualidades. Si no hay un entrenador que sepa trasmitir sus conocimientos al vestuario y unos jugadores que se olviden de los egos y de los personalismos nunca se conseguirá el objetivo principal, que es el de ganar al equipo contrario.

El que subscribe no tiene la menor duda de que el nosotros siempre vencerá al yo.

¿Quién teme a los súper-equipos? De momento y hasta que no se demuestre los contrario, nadie que sepa de baloncesto.   

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