Sin plan B

Sin plan B

Así rezaba una de las introducciones más famosas de la historia de la televisión, allá por la década de los 80. Sin Plan B.

“En 1972 un comando compuesto por cuatro de los mejores hombres del ejército americano fueron encarcelados por un delito que no habían cometido. No tardaron en fugarse de la prisión en la que se encontraban recluidos. Hoy, buscados todavía por el gobierno, sobreviven como soldados de fortuna. Si tiene usted algún problema y se los encuentra quizás pueda contratarlos. El Equipo A”.

He de reconocer que este artículo en principio iba a versar sobre otro tema muy distinto, pero los acontecimientos me han hecho replantearme el artículo. Pues bien, vamos a meternos en faena.

La serie en cuestión de la que os hablaba antes era la de Equipo A, una afamada serie que nos tenía a todos enganchados, sobre todo porque no había otra oferta. La serie siempre tenía la misma estructura que no voy a relataros para no torturaros en exceso. Solo decir que solía terminar con uno de los protagonistas encendiendo un puro y diciendo con alegría y satisfacción “me encantan que los planes salgan bien”

¿Por qué se mostraba este personaje tan eufórico? Muy sencillo, no hay nada mejor que saber que un plan concebido por uno ha resultado un éxito. Y como casi siempre ocurre en mis artículos os preguntareis,  ¿qué tiene esto que ver con la NBA? Ahora os lo explico.

Los playoffs por fin están aquí y los equipos se preparan para asaltar el título. El momento decisivo ha llegado, los grandes jugadores deben demostrar su valía y los equipos poner sobre la cancha sus mejores armas para vencer.

Desde el punto de vista de un entrenado el baloncesto se debe ver como una partida del deporte más agresivo que existe: el ajedrez. Una lucha encarnizada por derrotar al rival sin importar las piezas que caigan en el camino, sacrificando si es necesario a tus propias huestes con el único objetivo de la victoria.

En frente tienes a un equipo que no se detendrá hasta conseguir la victoria y que aprovechará todos tus puntos débiles para aplastarte. Y tu única escapatoria es hacer lo mismo, por lo cual tienes que ejecutar un plan para evitar caer derrotado.

Aquí es donde yo quería llegar. Todos los entrenadores y por ende los equipos tienen ese plan para alcanzar la gloria, seguro que esos planificadores de estrategias antes de dormir se ven recogiendo el anillo de campeón  gracias a su gran labor. Ese plan es infalible. ¿Pero qué pasa cuando no sale lo que se espera, cuando el rival tiene mejores armas y recursos que tú? Pues que si el plan A no funciona se tiene que poner en marcha el plan B. Así de sencillo.  Todo arreglado.

Pues no, querido lector, no está todo arreglado. Ese plan B en muchas ocasiones no existe. Un ejemplo.

Partido sexto en Canadá de la eliminatoria entre Philadelphia y Raptors. 3-2 en la eliminatoria a favor de los visitantes. El equipo de la ciudad de la fraternidad, atemorizado por los dos partidos seguidos perdidos, pone en práctica una defensa que hasta hace pocos años estaba prohibida en la competición. La zona. En este caso una zona 2-3.

Ya sabemos cómo se debe atacar una zona. Lo primero es no dejar que se forme, es decir los contraataques son la mejor arma, pero si ya se ha formado no hay mejor receta que el movimiento rápido del balón, cortes por la zona, para desajustar la defensa y lograr así una ventaja numérica en la parte del campo que se ataca. Los pases deben de ser rápidos y decididos ya que ningún jugador debe tener el balón en sus mano el tiempo suficiente para hacer que el defensor pueda ajustar su defensa. Con estos desajustes defensivos se logra que en un momento dado se quede un hombre solo para el tiro o para jugar un dos contra uno.

Es cuestión de paciencia y de selecciona bien el tiro. El plan A para esta defensa.

 En esta NBA actual donde los tiros de tres están a la orden del día parece algo sencillo de realizar. Con varios tiros de tres convertidos todas las defensas en zona se desmoronan. Pero, ¿qué ocurre cuando los tiros de tres no entran? Pues muy sencillo, se ejecuta el plan B, que es el de pasar y cortar y ajustar el tiro y penetraciones para terminar doblando el balón.

Pues bien, en este partido los Raptors no tienen plan B. Si no entran los tiros de tres, pues seguimos insistiendo hasta que entren, que ya entraran y mientras dejamos al equipo rival que acabe con nosotros.

Pero no creáis que esto es solo un problema de los Raptors, muchos equipos no tienen Plan B en su juego. Los que no tienen definido un estilo de juego bien entrenado, estilo Suns, Warriors, Miami y pocos más, juegan a rachas. Si entran los tiros pues bien, y si no pues esperamos a que se resuelva solo. Por eso se ven tantas remontadas en los últimos tiempos. Y si es de esos partidos en los que no entran en ningún momento, pues a perder de mucho y a esperar a que en el próximo partido entren los tiros de tres.

Por fortuna los equipos con Plan A y B y hasta C son los que consiguen más victorias y ganan anillos.

“Me gustan que los planes salgan bien” A ver si es verdad y lo demuestran.