Tanking o la desvergüenza hecha norma

Tanking o la desvergüenza hecha norma

Napoleón Bonaparte miró fijamente a la ciudad que estaba a punto de abandonar. Jamás pensó que el resultado de su campaña en Rusia iba a terminar de esa forma tan poco honrosa. Él, que había conquistado Italia, Egipto y la casi totalidad de Europa se veía en la necesidad de emprender una huida que solo le traería la mayor de las ignominias. Cuando entró en Moscú se encontró con una ciudad abandonada, en llamas y sin un lugar donde la Grande Armee pudiese reponer fuerzas. La táctica de tierra quemada empleada por el Zar había acabado con las fuerzas del ejército francés. Tanking o la desvergüenza hecha norma.

Napoleón se giró hacía sus hombres de mayor confianza, reunidos a su alrededor, y con voz fuerte sentenció.

—Una retirada a tiempo es una victoria.

Al igual que el autoproclamado emperador de Francia, algunos equipos de la NBA creen que una retirada a tiempo supone una victoria, y al igual que el prohombre Corso están equivocados. Suponen que traicionando el espíritu de la competición y deshonrando la institución a la que representan conseguirán salir reforzados. Retuercen unas normas pensadas para igualar la competición en  beneficio propio, sin preocuparse en ningún momento en sus aficionados, esos que realizan un ímprobo desembolso económico para ver a su equipo.

Volvamos la vista atrás, más concretamente al año 2013. Fijémonos en Sam Hinkie, general manager de los Philadelphia 76ers. Este hombre decidió iniciar lo que posteriormente se conocería como The process, que llevó al equipo de la ciudad del amor fraternal a un descenso a los infiernos coronado con un record en la temporada 2015-16 de 10-72. Y todo este despliegue de ignominia solo por conseguir un buen pick en el Draft.

La batalla de los triples

Es cierto que gracias a esta maniobra alegal Philadelphia consiguió a dos grandes jugadores, Joel Embid y Ben Simmons. Pero considerando el resultado obtenido, ¿Merece la pena el Tanking? Y no solo teniendo en cuenta los posibles beneficios de esta maniobra torticera, sino desde un punto de vista de la competición y de los propios aficionados. ¿O es que Sam Hinkie rebajó la cuota de los abonados del equipo sabiendo que los incautos que acudieran al pabellón se iban a encontrar con una patética actuación de los suyos?

La propia NBA recientemente cambió las reglas del Draft con la intención de detener esta táctica deplorable. Pero parece ser que no ha surtido el efecto deseado. Los responsables de los equipos y los comentaristas siguen hablando de los beneficios de dejarse ganar y de la idoneidad de hacerlo cuanto antes para ser el peor equipo de la competición, pero ¿Alguien les ha preguntado a los aficionados que opinan y sobre todo a aquellos que pagan un abono?

Desde el punto de vista de un seguidor no parece lo más justo pedirle que hagan un auto de fe. Les abocan a pasar una travesía por el desierto con la promesa de un paraíso que está por venir. Y cuando ese futuro lleno de victorias y títulos no es alcanzado ¿Quién se responsabiliza de esta nefasta programación? Y por encima de otras consideraciones  ¿Quién indemniza al aficionado que ha soportado las penurias del equipo de su vida y ha  depositado todas sus esperanzas en un porvenir repleto de parabienes y loas que no llegan?

El ejército de Napoleón fue instigado por las fuerzas  rusas comandadas por el General Invierno durante la retirada de Moscú hasta casi su total  aniquilación. Sin llegar a esos extremos trágicos quizás es el momento por parte de la NBA de dejar que premiar a los equipos por perder. Muerte al Tanking.

Tanking o la desvergüenza hecha norma